Almendros Alvarez, Pedro Pablo: “La cruz y los canes”. Edición del autor. Colección Mapablan histórica. Guadalajara, 2012. 316 páginas. ISBN 978-84-615462-17. PVP 18 Euros.
Un nuevo libro que nos propone evocar la tierra de Guadalajara en la antigüedad. Basado en historias reales, en momentos ciertos del pretérito, pero relatados por personajes ficticios, dentro de secuencias que podrían haber sido ciertas y son solamente fantasía. Una obra que evoca la época de gloria del obispado de Sigüenza, el momento capital de los calatravos en Zorita, y un sinfín de hechos, anécdotas y momentos reales en el Reino de Toledo.
En esta novela, aparece Sigüenza durante el primer cuarto del siglo XII. En ese instante, un pastor que acude en busca de su rebaño y una familia judía coinciden en el momento en que se batalla por la reconquista de la villa. En las hostilidades destacan unos jóvenes cristianos procedentes de Atienza que, tras la liberación de la ciudad episcopal, acabarán recorriendo buena parte de lo que hoy es la provincia de Guadalajara tras la pista de un gran tesoro que puede comprometer el futuro de la reconquista de Castilla. Esa búsqueda mantiene a todo el orbe cristiano con los ojos puestos en su desenlace.
El autor tiene la capacidad de captar nuestra atención con emociones que se suceden y con las formas en que describe personajes, vidas y costumbres de la época. Una gran documentación ha manejado para finalmente ligar a la perfección esta historia emocionante. En su transcurso, se intercalarán las disputas entre el Papa Calixto II, el antipapa Gregorio VIII, el emperador del Sacro Imperio Romano Gerrnánico, el arzobispo de Toledo y otros diversos personajes históricos que se mezclan con muchos más, ficticios, en una historia de batallas medievales. aventuras, viajes, amor ...
Pedro Pablo Almendros Alvarez es abogado y ha ejercido su profesión en Pastrana y en Guadalajara, estando actualmente al servicio de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha como empleado público. Con raíces familiares en Atienza, ha vivido también largo tiempo en Sigüenza y alrededores. Esta es su primera novela, y con ella nos sorprende a través de esta trepidante novela histórica ambientada en una época de la que nos quedan pocos documentos escritos y localizada en una zona injustamente olvidada en este tipo de literatura. Su dinamismo pretende mantener al lector pegado a sus páginas y le llevará a descubrir una parte poco conocida de nuestra historia provincial. La cubierta, de Nuria Moreno Lloret, muy acertada y atractiva. Solo una pega: una novela no se puede imprimir en letra de tipo sans serif, porque cansa mucho su lectura. La próxima seguro que va a entregárnosla en el clásico serif de Times, Modern o Garamond, mucho más cómodos para mantener la atención en el tema que leemos.
20 de diciembre de 2013
19 de diciembre de 2013
Reflexiones desde Guadalajara
Una de las editoriales surgidas en Guadalajara, que con la crisis del sector editorial no pasó del primer libro, fue EUROBUCH España, que se estrenó en 1997 con el lanzamiento de un libro que, como
no podía ser menos, estaba dedicado a Guadalajara. Se estrenaba, admeás, colección: la de "Letras de hoy". Que persigue
dar a conocer la producción literaria y ensayística de cuantos autores se
entregan, con entusiasmo diario, a construir el mundo con sus escritos.
Lo que no estrenaba entonces Eurobuch era autor. Porque Juan José Fernández Sanz tiene ya en su haber varios títulos,
alguno de los cuales está publicado por AACHE en su colección "Scripta Academiae". Además es autor de otro gran libro sobre la obra de Ferrán.
En esta ocasión, Fernández
Sanz nos brinda una visión amplia, minuciosa, de la provincia de Guadalajara, a
través de artículos sueltos, previamente publicados en la prensa local, que
exponen los conflictos sociales, económicos y culturales a que se ve abocada
nuestra tierra. Con crudeza y sinceridad, el autor va exponiendo la situación de
las minas de caolín en el Alto Tajo, del patrimonio artístico en Guadalajara,
de la despoblación del Señorío de Molina o de las posibilidades de una Feria
como la Apícola de Pastrana. Analiza posibles vías de crecimiento y desarrollo,
y toca, incluso, temas más generales, de Castilla especialmente frente al resto
de autonomías, incluso del Estado en su conjunto ante los retos de la unión a
Europa.
Es además muy emotivo,
bellísimo en su texto literario, hondo en su análisis sociológico, el Prólogo
Sentimental que pone al libro Jesús de Juana López, molinés también, como el
autor, y además catedrático de Universidad, académico, y hoy gobernador civil
de Orense. Repasa con humor y amor los viejos tiempos en la ciudad del Gallo, y
evoca juegos, fiestas y amigos. Una delicia.
La edición de este
"Desde Guadalajara", a pesar de su sencillez, es de una delicadeza
exquisita. En tamaño pequeño, con papel simple, a dos colores la portada, en su
interior desfilan los artículos arropados por detalles ornamentales y grabados
antiguos de Guadalajara debidos a la pluma de dibujantes viajeros del siglo
XIX: Pascó, Oms, Pérez Villamil... un índice final nos orienta sobre las
oportunidades temáticas. Son en total 26 trabajos, más una Introducción, y el
Prólogo, lo que a lo largo de sus 128 páginas nos brinda este libro.
Su autor, el molinés (de
Embid) Juan José Fernández Sanz, es actualmente profesor de Historia
Contemporánea en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad
Complutense de Madrid. Ha colaborado en todos los periódicos de Guadalajara
(desde el fenecido "Guadalajara" al acreditado "Nueva
Alcarria") y es un permanente observador de la realidad provincial. Una
personalidad muy a tener en cuenta de cara a plantear un mejor futuro para
Guadalajara y sus gentes. En este libro, al menos, presenta las cosas con
claridad meridiana.
30 de octubre de 2013
Memorias del anarquismo
ABRIENDO BRECHA. Los inicios de la lucha de las mujeres por su emancipación. El ejemplo de Soledad Gustavo. Autor: Julián Vadillo Muñoz. Prólogo de Laura Vicente.
Volapük Ediciones, 2013 Guadalajara. 296 páginas, 13x20 cm. ISBN: 978 84 94085215. 13 euros
Abriendo brecha es un acercamiento a la historia de la lucha de las mujeres por la conquista de sus derechos, inserto además, como así fue, en el movimiento obrero. Especial atención se presta a la participación de la mujer en el anarquismo, movimiento que enseguida comprendió que las reivindicaciones femeninas eran fundamentales para la consecución de la sociedad igualitaria que pretendían. Y cómo las mujeres en el anarquismo se organizaron para conseguir emanciparse de la explotación que la sociedad les imponía.
Por último, se centra el libro en la figura de Soledad Gustavo, o Teresa Mañé, una de las pioneras en el desarrollo del feminismo desde una perspectiva obrerista. Fue maestra, impulsora de escuelas laicas y de prensa anarquista como La Revista Blanca, conferenciante activa y autora de numerosas obras de análisis libertario. En el libro se recogen los escritos más significativos de Soledad Gustavo.
Dice así Laura Vicente en su Prólogo al libro: “Estamos ante una breve, pero interesante, obra de recopilación y divulgación a través de la cual Julián Vadillo rescata a una de las mujeres que más aportó al feminismo anarquista desde el punto de vista ideológico”.
El autor de la obra, Julián Vadillo Muñoz (Madrid, 1981), es historiador especializado en movimiento obrero y libertario, afincado en Azuqueca de Henares (Guadalajara), con varias obras ya publicadas: Aproximación a Mujeres Libres; La explosión del polvorín en Alcalá de Henares de 1947; Mauro Bajatierra, anarquista y periodista de acción; El hilo rojinegro de la prensa confederal. Ochenta aniversario del periódico CNT, etc. Está a punto de ser publicada su tesis doctoral “Historia del movimiento obrero en Alcalá de Henares, 1868-1939”.
En definitiva se trata de una obra que muestra aspectos de la evolución del movimiento feminista y anarquista en un contexto local. Adquirir un ejemplar.
Volapük Ediciones, 2013 Guadalajara. 296 páginas, 13x20 cm. ISBN: 978 84 94085215. 13 euros
Abriendo brecha es un acercamiento a la historia de la lucha de las mujeres por la conquista de sus derechos, inserto además, como así fue, en el movimiento obrero. Especial atención se presta a la participación de la mujer en el anarquismo, movimiento que enseguida comprendió que las reivindicaciones femeninas eran fundamentales para la consecución de la sociedad igualitaria que pretendían. Y cómo las mujeres en el anarquismo se organizaron para conseguir emanciparse de la explotación que la sociedad les imponía.
Por último, se centra el libro en la figura de Soledad Gustavo, o Teresa Mañé, una de las pioneras en el desarrollo del feminismo desde una perspectiva obrerista. Fue maestra, impulsora de escuelas laicas y de prensa anarquista como La Revista Blanca, conferenciante activa y autora de numerosas obras de análisis libertario. En el libro se recogen los escritos más significativos de Soledad Gustavo.
Dice así Laura Vicente en su Prólogo al libro: “Estamos ante una breve, pero interesante, obra de recopilación y divulgación a través de la cual Julián Vadillo rescata a una de las mujeres que más aportó al feminismo anarquista desde el punto de vista ideológico”.
El autor de la obra, Julián Vadillo Muñoz (Madrid, 1981), es historiador especializado en movimiento obrero y libertario, afincado en Azuqueca de Henares (Guadalajara), con varias obras ya publicadas: Aproximación a Mujeres Libres; La explosión del polvorín en Alcalá de Henares de 1947; Mauro Bajatierra, anarquista y periodista de acción; El hilo rojinegro de la prensa confederal. Ochenta aniversario del periódico CNT, etc. Está a punto de ser publicada su tesis doctoral “Historia del movimiento obrero en Alcalá de Henares, 1868-1939”.
En definitiva se trata de una obra que muestra aspectos de la evolución del movimiento feminista y anarquista en un contexto local. Adquirir un ejemplar.
12 de octubre de 2013
Por la Ruta de la Lana, camino de Santiago
Pareja Pérez, J. Herminio;
Malabía, Vicente: La Ruta de la Lana. Editorial
Alfonsípolis, Cuenca, 1999.
Nos llega a las manos un
libro que es esencial para conocer en toda su magnitud y veracidad la Ruta
alternativa del Camino de Santiago, que los peregrinos seguían, en la Edad
Media, y aun en tiempos posteriores, desde la costa del Levante español a
Santiago de Compostela, enlazando en Burgos con el “camino francés”.
Se la llama así, porque este
camino era realmente la ruta ganadera que seguían los esquiladores, ganaderos y
comerciantes relacionados con las mercancías de la lana y derivados de esta, y
unía al gran productor ovino de La Mancha con Burgos, capital comercial de la
lana durante los siglos XVI y XVII.
Aunque la primera referencia
escrita de esta Ruta la debemos a Jaume Roig, un valenciano que antes de 1460
escribió “L’Espill” (El Espejo) en valenciano, el principal documento que la
describe con exactitud, con pormenor, y con etapas es una curiosa guía que fue
escrita nada menos que en la primavera de 1624 por Francisco Patiño, María Franchis
y Sebastián de la Huerta, y que sin mayores florituras literarias lo que hacen
es ir desgranando la lista de los lugares por donde debe pasarse para caminar
desde Alicante hasta Monteagudo de las Salinas, la villa conquense donde vivió
Patiño, y desde la que, atravesando las tierras de Cuenca, Guadalajara y Soria
llega ya a Burgos. Este camino, en sentido inverso, de Burgos a Atienza,
coincide con la Ruta del Destierro del Cid Campeador, lo que equivale a decir
que era ese un camino muy frecuentado y habitual durante la Edad Media.
El libro que comentamos
incluye en su primera parte el relato de Francisco Patiño y María Franchis, y
luego nos ofrece, con planos y descripciones detalladísimas las diversas etapas
que van a permitir al peregrino, y viajero, por el interior de una España poco
habitada pero rica en maravillas paisajísticas y pueblos cuajados de arte,
llegar desde Alicante hasta Burgos.
El trazado del Camino jacobeo de la “Rutade la Lana”
Alicante, El Rebolledo y La
Alcoraya (ambas pedanías de Alicante), Orito, (pedanía de Monforte), Monforte
del Cid, Novelda, Elda, Sax, Colonia Santa Eulalia (pedanía de Sax y Villena) y
Villena en la provincia
de Alicante; Almansa, Alpera, Alatoz, Casas del Cerro (pedanía de
Alcalá), Alcalá de Júcar, Las Eras (pedanía de Alcalá), Casas Ibáñez,
Villamalea en la provincia de Albacete; El Herrumblar, Villarta, Graja de
Iniesta, Campillo de Altobuey, Paracuellos de la Vega, Monteagudo de las
Salinas, donde enlaza con la Ruta de la Lana desde Valencia, Fuentes, Mohorte y
La Melgosa (ambas pedanías de Cuenca), Cuenca, Nohales (pedanía de Cuenca),
Chillarón de Cuenca, Tondos, Bascuañana de San Pedro, Torralba, Albalate de las
Nogueras, Villaconejos de Trabaque, Albendea y Valdeolivas, en la provincia de
Cuenca; Salmerón, Villaescusa de Palositos, Viana de Mondéjar,
Trillo, Gárgoles de Abajo, Cifuentes, Moranchel, Las Inviernas, Mirabueno,
Mandayona, Baides, Viana de Jadraque, Huérmeces del Cerro, Santiuste, Riofrío
del Llano, Atienza, Tordelloso, Alpedroches y Miedes de Atienza en la provincia de
Guadalajara; Retortillo de Soria, Tarancueña, Caracena, Carrascosa
de Abajo, Fresno de Caracena, Ines, Olmillos, San Esteban de Gormaz, Matanzas
de Soria, Zayas de Báscones y Alcubilla de Avellaneda en la provincia de
Soria; Hinojar del Rey, Quintanarraya, Huerta del Rey, Pinarejo,
Mamolar, Santo Domingo de Silos, Santibáñez del Val, Retuerta, Covarrubias,
Mecerreyes, Hontoria de la Cantera, Revillarruz, Cojobar, Saldaña y Burgos,
donde enlaza con el Camino Francés.
Conviene saber que la Ruta
de la Lana fue recuperada en 1993 por las Diputaciones Provinciales que va
tocando, y que con la incansable colaboración y trabajo de la Asociación de
Amigos del Camino de Santiago de Cuenca, Guadalajara, Alicante y Burgos se ha
conseguido la señalización completa desde Alicante hasta Burgos.
Un rutero de este año
relataba así en blog la experiencia que había tenido al hacer el camino. Un
camino que ha sido transitado ya por miles de peregrinos: “El trabajo de las
asociaciones es de diez. La hospitalidad, quizás porque los pueblos no están
todavía picardeados habría que escribirla con mayúsculas. Como anécdota,
indicar que en una de las etapas nos abordó el alcalde mientras comíamos para
darnos la bienvenida y agradecernos el haber elegido su localidad para
descansar. El resto lo dejo para que lo descubráis”.
El recorrido no es
especialmente duro, porque el terreno es bastante llano, con pocos desniveles y
ninguno significativo. En las fechas frescas de la primavera y el otoño no ofrece
ninguna dificultad, pero en el verano hay que ir con cuidado, porque se
atraviesa gran parte de la España seca, continental y supercalurosa. La
señalización es buena en general. Y en cuanto a albergues, la cosa está un poco
más floja que en otros Caminos, pero lo suplen con lugares de acogida como
polideportivos, salones de actos del Ayuntamiento, y en algunos lugares no hay
más remedio que alojarse en pensión.
Uno de los “puntos negros”
de esta ruta se encuentra en la provincia de Guadalajara, concretamente pasado
Salmerón, el paso por el antiguo lugar de Villaescusa de Palositos obliga a los
viajeros a dar un rodeo y les impide contemplar uno de los extraordinarios
ejemplos de arquitectura románica medieval como es su vieja iglesia… todo
porque el dueño de la finca en que se ha convertido ese antiguo pueblo la ha
vallado e impide el paso de los caminantes. Situación compleja e irregular que
no hay forma humana de solucionar, hasta ahora. Vaya aquí nuestro apoyo a la necesidad
de facilitar de una vez por todas el paso por los caminos comunes y abiertos
que deberían permitir el cruce de las tierras de España a cualquier paisano, y
más aún si es “peregrino a Santiago”. Este libro, en definitiva, de Pareja y
Malabía, espléndidamente editado por Alfonsípolis, es altamente recomendable
para todos, e imprescindible para quienes quieran hacer, en todo o en parte,
este nuevo (aunque tan viejo) Camino de Santiago.
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9 de junio de 2013
Valdesaz y "su" San Macario
![]() |
| Un estudio serio sobre los orígenes de la devoción a San Macario en Valdesaz (Alcarria), y un estudio histórico sobre este pueblo. |
López Sotillo, Jesús María: Valdesaz y San Macario.
Aache Ediciones. Guadalajara, 2013. 256 páginas, numerosas ilustraciones. ISBN
97-84-15537-28-1
José Luis García de Paz, junio de 2013
Según Antonio de Quintanadueñas (1599-1691) en su “Santos de la Imperial ciudad de Toledo y de su arzobispado” (1561), San Macario de Valdesaz era un santo venido de lejanas tierras con hábito de San Benito que era un “abogado de los males de las piernas”, por lo que su capilla estaba llena de muletas y cirios, “pregoneros de sus milagros”. Esta referencia es citada por el autor, claro, pero Quintanadueñas también menciona la devoción, confundida, de un San Blas, obispo de Calatrava muerto en Cifuentes en tiempos del emperador Decio, mientras que el verdadero San Blas fue el médico y obispo de Sebaste (Armenia) que vivió en la Capadocia a inicios del siglo IV. Es decir, que parece que la adscripción de un santo local a un santo reconocido por la iglesia en su santoral, no es un caso aislado.
Pero vamos con el libro. Éste no es ninguna “hagiografía” o historia de la vida de santos, aunque parte de él se dedica a la biografía del “auténtico San Macario” del santoral y a la devoción valdesaceña. Es un libro multidisciplinar pues contiene historia religiosa, costumbres y folklore local, recuerdos de historia familiar del siglo XX, un poco de historia de la localidad (especialmente cuando fue hecha villa) y de España cuando lo cree oportuno el autor, algunos rezos y oraciones, más una búsqueda en la parroquia, archivo familiar y archivos eclesiásticos y civiles. De refilón, el autor toca temas relativos a la iglesia, como su forma primitiva, forma actual y el incendio y reconstrucción aproximada del retablo central de ésta tras el incendio de 1978.
La mayoría de la documentación presentada (y eso no es una crítica, a veces yo mismo lo hago) ha consistido en recuperar y leer por uno mismo todos los documentos originales que se citan en los libros que mencionan a Valdesaz. Y después, buscar, interpretar y entender la parte que toca a San Macario en ellos. Al final del libro se recopilan los documentos seguidos de una serie de oraciones y textos religiosos locales (pags 177 a 213) seguidos de 132 ilustraciones (pags 215 al final). En la búsqueda de documentación, el autor ha usado con habilidad las facilidades de Internet para el acceso a libros y documentos. Creo importante la labor del autor al dejar los documentos accesibles en bloque al lector interesado.
En el aspecto de estudio y evolución de la devoción al “San Macario de Valdesaz”, no podemos más que admirar el trabajo realizado. Pero justo las “cuestiones pendientes de estudio” que cita el autor es lo que haría al libro algo imprescindible. Bien es verdad que el autor lo reconoce y lo deja para un trabajo posterior, que esperamos leer en un futuro no lejano.
En cuanto al tema de la devoción a San Macario, está claro que se mezclan tradiciones locales inverificables con hechos reales comprobables. Someramente, el San Macario de Valdesaz era un eremita vestido de benedictino que llegó desde tierras lejanas, vivió santa y brevemente en el lugar y fue allí fue enterrado. Llevados sus restos al norte tras la invasión musulmana, su recuerdo permaneció y fue objeto de devoción local tras la repoblación cristiana, se produjeron diferentes milagros y se edificó la capilla de San Macario de la iglesia parroquial allí donde estuviera su tumba.
San Benito de Nursia (480-547) fue el padre del monacato occidental, y bien pudo un eremita vestido con su hábito visitar y morir en Valdesaz antes de la invasión musulmana, no es imposible aunque sí es poco probable. Tampoco es imposible que las reliquias de ese santo fueran trasladadas al norte (a “Güesca”, sic), por ejemplo cuando Alfonso I se llevo (de grado o por la fuerza) a todo cristiano que pudo a las cordilleras norteñas desertizando el valle del Duero y aledaños. Claro que para que esta leyenda pasara de padres a hijos haría falta una población mozárabe que hubiera sobrevivido en Valdesaz y hubiera transmitido la devoción a los cristianos que repoblaron el “Valle de Sauces” después de la conquista por Alfonso VI, al menos hacia finales del siglo XII, pues Valdesaz se cita por primera vez en 1221. Pero, entonces, ¿cómo no es mencionada esta devoción en la Relación enviada a Felipe II en 1580? Esto es lo que más sorprende al autor del libro.
Por otro lado ¿Por qué le visten (y ascienden) a abad en las imágenes locales? ¿Por qué se le menciona por vez primera en 1648 como ermitaño muerto y enterrado en Valdesaz? ¿Es que prefirió callar sobre el santo "local" el autor de las Relaciones o que antes no existía asi su devoción?
En realidad, seguimos sin saber qué pasó con el "San Macario valdesaceño", como aparece “de golpe” la referencia al mismo y a su devoción. Está claro que la iglesia la prohíbe, la tolera o la permite, según la época, como recoge el documentado trabajo en el libro. Incluso la Iglesia lo intenta asimilar a San Macario “el grande", no sabe muy bien qué hacer con el santo. Recuerda a cuando la Iglesia asimila una deidad local o una fiesta pagana con un santo o Virgen, o una fiesta religiosa. Lo que pasa es que el hecho sucede en el inicio del siglo XVII y no en la “Antigüedad Tardía” o la “Alta Edad Media”. Me viene ahora a la memoria la aparición de la devoción a la Virgen de La Salceda (Peñalver-Tendilla) en Las Torres de Cotillas (Murcia) a finales del siglo XVII e inicios del XVIII. Como en otros lugares, a las cualidades y milagros originales del santo, se le van adornando y añadiendo con otros hechos dependiendo de la credulidad de los devotos locales.
El autor deja claro que, desde el Concilio de Trento, la Iglesia católica ha procurado eliminar del santoral a todos aquellos “santos” cuya existencia o milagros no se pueden verificar por la Iglesia. Pero también la Iglesia tolera las devociones locales que no estén en contra de la Doctrina. Y también, como dijimos, deja para más adelante un trabajo más extenso que esperamos leer con la misma facilidad de lectura documentada que la que tiene el libro que ahora comentamos.
3 de junio de 2013
Las memorias de Antonio Pérez Henares
Pérez Henares, Antonio: “Yo, que sí corrí delante de los
grises”. Editorial Almuzara, Córdoba, 2013. 342 páginas, una ilustración.
Muy joven aún, Antonio Pérez, alias “Chani”, nos entrega el
primer tomo de sus “Memorias”. Ahí es nada. Y además hechas como deben hacerse:
cuando uno aún tiene memoria. Porque si esperas a escribirlas cuando pasas de
los 80 y tienen que llevarte en silla de ruedas, como esperan otros, pues como
que la mayoría pensamos que esas memorias se las han escrito, porque con los
años (qué duro es reconocerlo) la memoria se deshilacha, y cuando vamos a por
su paño, nos encontramos agujeros, hilos sueltos, lástima.
Entretejidos en sus 342 páginas, hay dos temas que se
solapan continuamente: la vida personal, con sus amores (bastantes), sus odios (pocos) y
sus angustias, sus miedos (algunos) y sus victorias. Y el otro tema, la
realidad histórica del país, de la ciudad, de las gentes que dieron vida a una
época convulsa, -ahora nos damos cuenta que apasionante- de la historia moderna
de nuestro país.
Lo que nos entrega Antonio Pérez de sus memorias personales,
nos lo creemos de principio a fin. No nos queda otro remedio. Es su vida, y nos
la entrega, y con bastante generosidad, por cierto, aunque casi siempre tiene
el pudor de no comprometer a nadie con nombres propios. Lo que nos cuenta de la
historia de España en cuyo torbellino vive, es realidad absoluta, y, por lo que
colijo, ha tenido que manejar mucha información, lo que hace al libro un
ejemplo de hilo trabajado, de tejido documentado, de búsqueda en hemerotecas,
porque no me cabe en la cabeza que todos esos datos los lleve, tan frescos, en
la suya.
Solo le encuentro un pero a este libro tan entretenido y
enjundioso de Pérez Henares. Aunque la culpa no es suya, sino del editor, que
tenía que haberle echado una semana más de trabajo al tema: le falta un índice
onomástico, lo que serviría para transformar esta obra, de simple lectura
memorística, en herramienta de trabajo.
Como yo tengo la manía de leerme los libros en clave
alcarreñista (una estupidez como otra cualquiera, pero estas cosas nos hacen
más humanos) he ido apuntando los nombres de la gente que aparece en el libro,
que es de Guadalajara, que vivió o aún vive aquí, que conozco, y que así le
presta al libro una nueva dimensión, la de “libro local”.
Y en ese sentido, me voy a permitir anotar aquí, y por orden
alfabético, que con esto de los ordenadores no es nada difícil conseguirlo, los
nombres de alcarreños (todos varones, menos una…) que aparecen y en qué página
lo hacen. Son estos:
Beladíez, Jesús
|
87, 260
|
Buero Vallejo, Antonio
|
14, 112
|
Buson, Jaime
|
114
|
Cardero Prieto ("Kinder")
|
110
|
Cobos, Emilio
|
43
|
Dominguez Unica, Rafael
|
314
|
Durán, hermanos
|
113
|
Embid Villaverde, Salvador
|
14
|
García Breva, Javier
|
115
|
García Mendez, Javier
|
328
|
Grandes, Agustín de
|
313
|
Grandes, Luis de
|
255 y ss.
|
Herguedas, José Luis
|
313
|
Irízar, don Mauro José
|
313
|
Irizar, Javier
|
314
|
Martín Carraux, Juan A.
|
279
|
Palero, Francisco
|
314
|
Pérez, Alberto
|
111
|
Relaño
|
241
|
Rey, Julio del
|
113
|
Rico, Antonio
|
314
|
Sanchez Ripa, Oscar
|
314
|
Súarez de Puga, Luis
(aunque le llama José Antonio)
|
313
|
Utrilla, Joaquin
|
87
|
Zaragoza Orts, Pedro
|
248
|
Zori, Pilar
|
314
|
Además aparecen aquí y allá sitios de la ciudad, como el “Angelo
& Frankie” (p. 212) y el mítico “El Chamizo” (p. 214 y ss.), y, obviamente, la Comisaría y el Gobierno Civil de las Cruces.
En definitiva, un libro entretenido, en el que Chani oficia
de cronista de la contemporaneidad, y en el que visto todo lo que cuenta, uno
entiende que se ría de todos los que recién llegados a las barricadas en
defensa de la Libertad y la Democracia (muerto ya el Generalísimo en la cama y
silenciados sus colaboradores) anden extendiendo pasaportes de progresismo, y
diciendo (sobre todo a él, que “Sí que corrió delante de los grises”) lo que
está bien y lo que está mal en el retablo de la progresía.
10 de mayo de 2013
Arte y Humanismo en Guadalajara
![]() |
| Arte y Humanismo en Guadalajara es la obra que nos explica la expresión artística del linaje Mendoza en esta ciudad. |
Una nueva clave para entender la historia de nuestra ciudad:
Arte y Humanismo en Guadalajara, de Antonio Herrera Casado.
José Luis García de Paz, abril de 2013
Acabo de leer un ejemplar del último libro publicado por Antonio Herrera Casado, Cronista Provincial de Guadalajara y profesor de la U.A.H. Éste, tras su jubilación como otorrinolaringólogo, ha tomado más ímpetu en su faceta de Cronista, investigador e historiador. Por ello, está retomando temas que quedaron faltos de quedar plasmados en letra impresa, o que necesitan una puesta al día cuando han pasado tres décadas, o más, desde que los publicara y que, como autor que no ha dejado nunca de lado dicho tema, piensa que necesitan una actualización o puesta en valor. Dos ejemplos de hace bien poco son su “Historia de la Otorrinolaringología Española (1875-1936)” o su edición comentada de la “Chorográfica descripción del Muy Noble, Leal, Fidelísimo y Valerosísimo Señorío de Molina” de Gregorio López de la Torre y Malo.
Viviendo en Guadalajara, no es de extrañar que Herrera Casado dedicara su atención al Palacio del Infantado desde sus primeros años. Publicó un libro dedicado a dicho palacio en 1975, que reeditó en 1990, 1999 y 2001, ampliado. Dentro del palacio, las pinturas (entonces aún sin restaurar) de los techos de unas salas de la planta baja llamaron su atención, sobre todo porque no existía una interpretación del significado de las mismas más allá de que ensalzaban las glorias de los Mendoza. Fruto de aquella investigación fue un artículo publicado en Wad-al-Hayara en 1981 “El arte del humanismo mendocino en la Guadalajara del siglo XVI”. Que el tema era de interés se puso de manifiesto cuando Fernando Marías, profesor de la UAM, desarrollaba paralelamente una investigación sobre el mismo tema que estaba en las pruebas de imprenta. Por ello, el profesor Marías puso una addenda de dos páginas al final de su artículo comentando las similitudes y discrepancias en la interpretación de las pinturas. El artículo se titulaba “Los frescos del palacio del Infantado de Guadalajara: problemas históricos e iconográficos”, publicado en 1982 en el Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Cabe dentro de lo posible que, de nuevo, este trabajo de Herrera Casado pueda sorprender a quienes, en algún lugar de España, estén investigando estos frescos en la actualidad.
Poco después, en los años 80 del siglo XX, se restauraron y completaron las pinturas supervivientes que el palacio albergaba, y en algunos casos la rehabilitación “inventó” un poco las partes perdidas, como fue el caso de los soldados que levantaban al infante Don Zuria (zuria significa blanco en vasco) en la interpretación legendaria de la histórica batalla de Arrigorriaga, pues los Mendoza pretendían descender de dicho infante, amén de la familia paterna del Cid Campeador.
El libro que estamos comentando, “Arte y Humanismo en Guadalajara”, es un libro de arte, si bien en un lenguaje asequible aunque riguroso, que recoge las investigaciones antes mencionadas del autor, “tamizadas y completadas” por la lectura del trabajo del profesor Marías y lo investigado por él mismo en este tiempo transcurrido, en lo que el autor denomina “la versión definitiva de un apasionante trabajo”.
Comienza por una somera descripción del primer siglo del palacio del Infantado, sus arquitectos, tallistas y artesanos, así como del duque que lo mandó edificar a partir de 1480. Posteriormente indica unos datos biográficos del quinto duque del Infantado, que “perpetró” una reforma del palacio (1570-1580) largamente criticada por Layna Serrano y que tampoco parece del gusto del autor pues partiendo de un edificio de finales del gótico pretendió hacer un palacio de finales del Renacimiento (la época del manierismo) con un jardín manierista al oeste (con un laberinto y un estanque con barca), amén de habilitar unas habitaciones en la planta baja para su uso por la servidumbre y por los administradores a sueldo del duque, necesarios para controlar, regular e impartir justicia en sus villas y lugares. La verdad es que el duque supo gastar gran parte de su herencia en este palacio y en diversos fastos cuyas deudas aún existían en época del séptimo duque. En la reforma que realizó Acacio de Orejón a gusto del duque, se eliminaron varios de los artesonados mozárabes que entonces tenía el palacio.
Vistos los resultados a partir de las fotografías de los siglos XIX y primera mitad del siglo XX, y de los documentos y los escasos planos que hay en el Archivo Osuna (se puede consultar ahora cómodamente en el Hospital Tavera de Toledo y algunas partes en Internet, pero en 1980 había que ir “in situ” a desempolvar y transcribir legajos) y en el Archivo Histórico Provincial de Guadalajara, bien parece que el duque actuó como los españoles que, teniendo dinero en los años 60 y 70 del siglo XX, eliminaron de sus casas una serie de bienes muebles e inmuebles por “atrasados” por los que, ahora en el siglo XXI, se pagan buenos dineros por su calidad y antigüedad. El caso es que el grandioso palacio quedó como una mezcla de los dos estilos (para disgusto de Layna Serrano) que, en la reconstrucción y rehabilitación realizada desde 1961, se devolvió en gran parte al estilo anterior a las reformas del duque. No fue una mala opción teniendo en cuenta los restos que quedaban del palacio tras el bombardeo aéreo de 1936 y el incendio posterior.
Al incendio sobrevivieron la mayor parte de las pinturas de las techumbres que hiciera Rómulo Cincinato (Florencia, c. 1540 – Madrid (?), 1597), entre 1578 y 1580, antes y mientras realizaba la primera parte de su trabajo para Felipe II en El Escorial. Herrera Casado cuenta también una somera biografía del pintor y los motivos de las pinturas, así como que también se pintaban en las salas falsos motivos arquitectónicos como ventanas falsas con paisajes y pilastras fingidas. Las pinturas, aunque no gustaran a Layna Serrano y a otros, tienen un notable valor como exponente del “humanismo renacentista” en una Guadalajara que el duque intentó convertir en una Atenas, al menos en cuanto respecta a su palacio, pues “se rodeó de una corte de humanistas, entre ellos historiadores, filósofos, novelistas, pintores y artesanos que dieron nuevo impulso al palacio y a la ciudad”.
Pueden admirarse en las salas bajas del palacio al mismo tiempo que se admiran las exposiciones temporales que allí se realizan. Las pinturas son, por su calidad, un valor añadido a estas exposiciones en las salas del Tiempo, de las Batallas (está muy restaurada, quizá algo inventada en la misma), de Atalanta (o de la caza), del Día (totalmente destruida en 1936, aunque queda una foto) y de Escipión (totalmente perdida, no queda ni siquiera una foto), así como en las saletas de los héroes romanos y de los dioses griegos. Tras una descripción del conjunto de pinturas que pueden verse, más una deducción de lo que hubo en la de Escipión y descripción de lo perdido en la sala del Día (gracias a la foto), el autor interpreta el conjunto de pinturas siguiendo la norma interpretativa iconográfico-iconológica diseñada por el historiador de arte y ensayista de origen alemán Erwin Panofsky (1892-1968), quien tras una fructífera carrera en Hamburgo, emigró a Estados Unidos huyendo de los nazis y trabajó en las universidades de Harvard, Princeton (donde murió) y Nueva York, creando una escuela que se prolonga hasta nuestros días. Es en la “interpretación deductiva del significado de cada una de las pinturas, de las salas y del conjunto” donde el propio autor reconoce que su estudio “está abierto a nuevas aportaciones, a matizaciones más precisas, incluso a un enriquecimiento de su interpretación y valoración” dado que es una interpretación, si bien avalada por años de estudio y de largas horas contemplando estas pinturas durante los últimos cuarenta años. No es fácil saber qué quería el quinto duque que nos dijeran las pinturas que hizo realizar a Cincinato en un estilo en el que los retratados vestían como héroes romanos aunque vivieran en la Edad Media y tomaran parte en batallas como Arrigorriaga y otras en las que intervinieron los antepasados de los Mendoza, como, presumiblemente, fueron las Navas de Tolosa o Aljubarrota, aunque no aparezca claramente en las pinturas de la sala. Pero sí están claras la fama y las virtudes que querían indicar que eran propias de su dinastía, representadas por las que tuvieron los héroes clásicos romanos que se hallan pintados (en este caso se pretendía que fueran las virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza), y su amor por las humanidades y el clasicismo, aquello que se ha denominado el “humanismo” y que este muy recomendable libro pretende hacernos llegar.
Ubicación:
Guadalajara, España
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