30 de octubre de 2013

Memorias del anarquismo

ABRIENDO BRECHA. Los inicios de la lucha de las mujeres por su emancipación. El ejemplo de Soledad Gustavo.  Autor: Julián Vadillo Muñoz. Prólogo de Laura Vicente.
Volapük Ediciones, 2013 Guadalajara. 296 páginas, 13x20 cm. ISBN: 978 84 94085215. 13 euros

Abriendo brecha es un acercamiento a la historia de la lucha de las mujeres por la conquista de sus derechos, inserto además, como así fue, en el movimiento obrero. Especial atención se presta a la participación de la mujer en el anarquismo, movimiento que enseguida comprendió que las reivindicaciones femeninas eran fundamentales para la consecución de la sociedad igualitaria que pretendían. Y cómo las mujeres en el anarquismo se organizaron para conseguir emanciparse de la explotación que la sociedad les imponía.
Por último, se centra el libro en la figura de Soledad Gustavo, o Teresa Mañé, una de las pioneras en el desarrollo del feminismo desde una perspectiva obrerista. Fue maestra, impulsora de escuelas laicas y de prensa anarquista como La Revista Blanca, conferenciante activa y autora de numerosas obras de análisis libertario. En el libro se recogen los escritos más significativos de Soledad Gustavo.
Dice así Laura Vicente en su Prólogo al libro: “Estamos ante una breve, pero interesante, obra de recopilación y divulgación a través de la cual Julián Vadillo rescata a una de las mujeres que más aportó al feminismo anarquista desde el punto de vista ideológico”.
El autor de la obra, Julián Vadillo Muñoz (Madrid, 1981), es historiador especializado en movimiento obrero y libertario, afincado en Azuqueca de Henares (Guadalajara), con varias obras ya publicadas: Aproximación a Mujeres Libres; La explosión del polvorín en Alcalá de Henares de 1947; Mauro Bajatierra, anarquista y periodista de acción; El hilo rojinegro de la prensa confederal. Ochenta aniversario del periódico CNT, etc. Está a punto de ser publicada su tesis doctoral “Historia del movimiento obrero en Alcalá de Henares, 1868-1939”.
En definitiva se trata de una obra que muestra aspectos de la evolución del movimiento feminista y anarquista en un contexto local. Adquirir un ejemplar.

12 de octubre de 2013

Por la Ruta de la Lana, camino de Santiago

Pareja Pérez, J. Herminio; Malabía, Vicente: La Ruta de la Lana. Editorial Alfonsípolis, Cuenca, 1999.

Nos llega a las manos un libro que es esencial para conocer en toda su magnitud y veracidad la Ruta alternativa del Camino de Santiago, que los peregrinos seguían, en la Edad Media, y aun en tiempos posteriores, desde la costa del Levante español a Santiago de Compostela, enlazando en Burgos con el “camino francés”.
Se la llama así, porque este camino era realmente la ruta ganadera que seguían los esquiladores, ganaderos y comerciantes relacionados con las mercancías de la lana y derivados de esta, y unía al gran productor ovino de La Mancha con Burgos, capital comercial de la lana durante los siglos XVI y XVII.
Aunque la primera referencia escrita de esta Ruta la debemos a Jaume Roig, un valenciano que antes de 1460 escribió “L’Espill” (El Espejo) en valenciano, el principal documento que la describe con exactitud, con pormenor, y con etapas es una curiosa guía que fue escrita nada menos que en la primavera de 1624 por Francisco Patiño, María Franchis y Sebastián de la Huerta, y que sin mayores florituras literarias lo que hacen es ir desgranando la lista de los lugares por donde debe pasarse para caminar desde Alicante hasta Monteagudo de las Salinas, la villa conquense donde vivió Patiño, y desde la que, atravesando las tierras de Cuenca, Guadalajara y Soria llega ya a Burgos. Este camino, en sentido inverso, de Burgos a Atienza, coincide con la Ruta del Destierro del Cid Campeador, lo que equivale a decir que era ese un camino muy frecuentado y habitual durante la Edad Media.
El libro que comentamos incluye en su primera parte el relato de Francisco Patiño y María Franchis, y luego nos ofrece, con planos y descripciones detalladísimas las diversas etapas que van a permitir al peregrino, y viajero, por el interior de una España poco habitada pero rica en maravillas paisajísticas y pueblos cuajados de arte, llegar desde Alicante hasta Burgos.

El trazado del Camino jacobeo de la “Rutade la Lana”

Alicante, El Rebolledo y La Alcoraya (ambas pedanías de Alicante), Orito, (pedanía de Monforte), Monforte del Cid, Novelda, Elda, Sax, Colonia Santa Eulalia (pedanía de Sax y Villena) y Villena en la provincia de Alicante; Almansa, Alpera, Alatoz, Casas del Cerro (pedanía de Alcalá), Alcalá de Júcar, Las Eras (pedanía de Alcalá), Casas Ibáñez, Villamalea en la provincia de Albacete; El Herrumblar, Villarta, Graja de Iniesta, Campillo de Altobuey, Paracuellos de la Vega, Monteagudo de las Salinas, donde enlaza con la Ruta de la Lana desde Valencia, Fuentes, Mohorte y La Melgosa (ambas pedanías de Cuenca), Cuenca, Nohales (pedanía de Cuenca), Chillarón de Cuenca, Tondos, Bascuañana de San Pedro, Torralba, Albalate de las Nogueras, Villaconejos de Trabaque, Albendea y Valdeolivas, en la provincia de Cuenca; Salmerón, Villaescusa de Palositos, Viana de Mondéjar, Trillo, Gárgoles de Abajo, Cifuentes, Moranchel, Las Inviernas, Mirabueno, Mandayona, Baides, Viana de Jadraque, Huérmeces del Cerro, Santiuste, Riofrío del Llano, Atienza, Tordelloso, Alpedroches y Miedes de Atienza en la provincia de Guadalajara; Retortillo de Soria, Tarancueña, Caracena, Carrascosa de Abajo, Fresno de Caracena, Ines, Olmillos, San Esteban de Gormaz, Matanzas de Soria, Zayas de Báscones y Alcubilla de Avellaneda en la provincia de Soria; Hinojar del Rey, Quintanarraya, Huerta del Rey, Pinarejo, Mamolar, Santo Domingo de Silos, Santibáñez del Val, Retuerta, Covarrubias, Mecerreyes, Hontoria de la Cantera, Revillarruz, Cojobar, Saldaña y Burgos, donde enlaza con el Camino Francés.


Conviene saber que la Ruta de la Lana fue recuperada en 1993 por las Diputaciones Provinciales que va tocando, y que con la incansable colaboración y trabajo de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Cuenca, Guadalajara, Alicante y Burgos se ha conseguido la señalización completa desde Alicante hasta Burgos.
Un rutero de este año relataba así en blog la experiencia que había tenido al hacer el camino. Un camino que ha sido transitado ya por miles de peregrinos: “El trabajo de las asociaciones es de diez. La hospitalidad, quizás porque los pueblos no están todavía picardeados habría que escribirla con mayúsculas. Como anécdota, indicar que en una de las etapas nos abordó el alcalde mientras comíamos para darnos la bienvenida y agradecernos el haber elegido su localidad para descansar. El resto lo dejo para que lo descubráis”.
El recorrido no es especialmente duro, porque el terreno es bastante llano, con pocos desniveles y ninguno significativo. En las fechas frescas de la primavera y el otoño no ofrece ninguna dificultad, pero en el verano hay que ir con cuidado, porque se atraviesa gran parte de la España seca, continental y supercalurosa. La señalización es buena en general. Y en cuanto a albergues, la cosa está un poco más floja que en otros Caminos, pero lo suplen con lugares de acogida como polideportivos, salones de actos del Ayuntamiento, y en algunos lugares no hay más remedio que alojarse en pensión.

Uno de los “puntos negros” de esta ruta se encuentra en la provincia de Guadalajara, concretamente pasado Salmerón, el paso por el antiguo lugar de Villaescusa de Palositos obliga a los viajeros a dar un rodeo y les impide contemplar uno de los extraordinarios ejemplos de arquitectura románica medieval como es su vieja iglesia… todo porque el dueño de la finca en que se ha convertido ese antiguo pueblo la ha vallado e impide el paso de los caminantes. Situación compleja e irregular que no hay forma humana de solucionar, hasta ahora. Vaya aquí nuestro apoyo a la necesidad de facilitar de una vez por todas el paso por los caminos comunes y abiertos que deberían permitir el cruce de las tierras de España a cualquier paisano, y más aún si es “peregrino a Santiago”. Este libro, en definitiva, de Pareja y Malabía, espléndidamente editado por Alfonsípolis, es altamente recomendable para todos, e imprescindible para quienes quieran hacer, en todo o en parte, este nuevo (aunque tan viejo) Camino de Santiago. 

9 de junio de 2013

Valdesaz y "su" San Macario

Un estudio serio sobre los orígenes de la devoción
a San Macario en Valdesaz (Alcarria),
y un estudio histórico sobre este pueblo.

López Sotillo, Jesús María: Valdesaz y San Macario. Aache Ediciones. Guadalajara, 2013. 256 páginas, numerosas ilustraciones. ISBN 97-84-15537-28-1

José Luis García de Paz, junio de 2013

Me apetecía leer un ejemplar del libro “”Valdesaz y San Macario. Origen, permanencia y cambio de una relación centenaria”, de Jesús María López Sotillo. Primero me atrajo que el autor fuera un hijo de valdesaceños que es sacerdote y profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca. Por otro la curiosidad que plantea la pregunta del inicio de la contraportada del libro: “¿Por qué los predicadores en las fiestas patronales nunca hablan del patrón de Valdesaz sino de otro santo que lleva el mismo nombre?” Como parte del folklore y el costumbrismo, ya fue parcialmente estudiado en 2005 por José Ramón López de los Mozos en un breve artículo de la Revista de Folklore titulado “Datos y tradiciones populares sobre San Macario, patrón de Valdesaz (Guadalajara)”.Lo primero, debo mencionar al “santo católico”, a San Macario el Egipcio (o “el viejo” o “el grande”) que vivió como eremita en el desierto al oeste del Nilo en el siglo IV. Se le considera “sanador” y “profeta”, y es venerado por coptos, ortodoxos y católicos. Hay un San Macario de Alejandría “el joven”, coetáneo del “viejo”, y otro San Macario de Jerusalén, obispo de esa ciudad (312-334), cincuenta años más viejo, que estuvo en el Concilio de Nicea y fue opositor a la herejía arriana. Los tres tienen festividad diferente en la Iglesia Católica: el “joven” es el 2 de enero, el “viejo” el 15 de enero, y el “obispo de Jerusalén”, el 10 de marzo. Hay algún San Macario más en el santoral, pero son muy posteriores. Según la “Enciclopedia Católica” http://ec.aciprensa.com , el más importante es el obispo San Macario de Jerusalén. Sin embargo, al asociar la tradición local al “San Macario de Valdesaz” con el eremitismo, se explica el porqué los sacerdotes católicos les han predicado sobre San Macario “el viejo”. Evidentemente, no podían hacerlo sobre un santo no reconocido en el santoral.
Según Antonio de Quintanadueñas (1599-1691) en su “Santos de la Imperial ciudad de Toledo y de su arzobispado” (1561), San Macario de Valdesaz era un santo venido de lejanas tierras con hábito de San Benito que era un “abogado de los males de las piernas”, por lo que su capilla estaba llena de muletas y cirios, “pregoneros de sus milagros”. Esta referencia es citada por el autor, claro, pero Quintanadueñas también menciona la devoción, confundida, de un San Blas, obispo de Calatrava muerto en Cifuentes en tiempos del emperador Decio, mientras que el verdadero San Blas fue el médico y obispo de Sebaste (Armenia) que vivió en la Capadocia a inicios del siglo IV. Es decir, que parece que la adscripción de un santo local a un santo reconocido por la iglesia en su santoral, no es un caso aislado.
Pero vamos con el libro. Éste no es ninguna “hagiografía” o historia de la vida de santos, aunque parte de él se dedica a la biografía del “auténtico San Macario” del santoral y a la devoción valdesaceña. Es un libro multidisciplinar pues contiene historia religiosa, costumbres y folklore local, recuerdos de historia familiar del siglo XX, un poco de historia de la localidad (especialmente cuando fue hecha villa) y de España cuando lo cree oportuno el autor, algunos rezos y oraciones, más una búsqueda en la parroquia, archivo familiar y archivos eclesiásticos y civiles. De refilón, el autor toca temas relativos a la iglesia, como su forma primitiva, forma actual y el incendio y reconstrucción aproximada del retablo central de ésta tras el incendio de 1978.

La mayoría de la documentación presentada (y eso no es una crítica, a veces yo mismo lo hago) ha consistido en recuperar y leer por uno mismo todos los documentos originales que se citan en los libros que mencionan a Valdesaz. Y después, buscar, interpretar y entender la parte que toca a San Macario en ellos. Al final del libro se recopilan los documentos seguidos de una serie de oraciones y textos religiosos locales (pags 177 a 213) seguidos de 132 ilustraciones (pags 215 al final). En la búsqueda de documentación, el autor ha usado con habilidad las facilidades de Internet para el acceso a libros y documentos. Creo importante la labor del autor al dejar los documentos accesibles en bloque al lector interesado.

En el aspecto de estudio y evolución de la devoción al “San Macario de Valdesaz”, no podemos más que admirar el trabajo realizado. Pero justo las “cuestiones pendientes de estudio” que cita el autor es lo que haría al libro algo imprescindible. Bien es verdad que el autor lo reconoce y lo deja para un trabajo posterior, que esperamos leer en un futuro no lejano.

En cuanto al tema de la devoción a San Macario, está claro que se mezclan tradiciones locales inverificables con hechos reales comprobables. Someramente, el San Macario de Valdesaz era un eremita vestido de benedictino que llegó desde tierras lejanas, vivió santa y brevemente en el lugar y fue allí fue enterrado. Llevados sus restos al norte tras la invasión musulmana, su recuerdo permaneció y fue objeto de devoción local tras la repoblación cristiana, se produjeron diferentes milagros y se edificó la capilla de San Macario de la iglesia parroquial allí donde estuviera su tumba.

San Benito de Nursia (480-547) fue el padre del monacato occidental, y bien pudo un eremita vestido con su hábito visitar y morir en Valdesaz antes de la invasión musulmana, no es imposible aunque sí es poco probable. Tampoco es imposible que las reliquias de ese santo fueran trasladadas al norte (a “Güesca”, sic), por ejemplo cuando Alfonso I se llevo (de grado o por la fuerza) a todo cristiano que pudo a las cordilleras norteñas desertizando el valle del Duero y aledaños. Claro que para que esta leyenda pasara de padres a hijos haría falta una población mozárabe que hubiera sobrevivido en Valdesaz y hubiera transmitido la devoción a los cristianos que repoblaron el “Valle de Sauces” después de la conquista por Alfonso VI, al menos hacia finales del siglo XII, pues Valdesaz se cita por primera vez en 1221. Pero, entonces, ¿cómo no es mencionada esta devoción en la Relación enviada a Felipe II en 1580? Esto es lo que más sorprende al autor del libro.

Por otro lado ¿Por qué le visten (y ascienden) a abad en las imágenes locales? ¿Por qué se le menciona por vez primera en 1648 como ermitaño muerto y enterrado en Valdesaz? ¿Es que prefirió callar sobre el santo "local" el autor de las Relaciones o que antes no existía asi su devoción?

En realidad, seguimos sin saber qué pasó con el "San Macario valdesaceño", como aparece “de golpe” la referencia al mismo y a su devoción. Está claro que la iglesia la prohíbe, la tolera o la permite, según la época, como recoge el documentado trabajo en el libro. Incluso la Iglesia lo intenta asimilar a San Macario “el grande", no sabe muy bien qué hacer con el santo. Recuerda a cuando la Iglesia asimila una deidad local o una fiesta pagana con un santo o Virgen, o una fiesta religiosa. Lo que pasa es que el hecho sucede en el inicio del siglo XVII y no en la “Antigüedad Tardía” o la “Alta Edad Media”. Me viene ahora a la memoria la aparición de la devoción a la Virgen de La Salceda (Peñalver-Tendilla) en Las Torres de Cotillas (Murcia) a finales del siglo XVII e inicios del XVIII. Como en otros lugares, a las cualidades y milagros originales del santo, se le van adornando y añadiendo con otros hechos dependiendo de la credulidad de los devotos locales.

El autor deja claro que, desde el Concilio de Trento, la Iglesia católica ha procurado eliminar del santoral a todos aquellos “santos” cuya existencia o milagros no se pueden verificar por la Iglesia. Pero también la Iglesia tolera las devociones locales que no estén en contra de la Doctrina. Y también, como dijimos, deja para más adelante un trabajo más extenso que esperamos leer con la misma facilidad de lectura documentada que la que tiene el libro que ahora comentamos.

3 de junio de 2013

Las memorias de Antonio Pérez Henares


Pérez Henares, Antonio: “Yo, que sí corrí delante de los grises”. Editorial Almuzara, Córdoba, 2013. 342 páginas, una ilustración.

Muy joven aún, Antonio Pérez, alias “Chani”, nos entrega el primer tomo de sus “Memorias”. Ahí es nada. Y además hechas como deben hacerse: cuando uno aún tiene memoria. Porque si esperas a escribirlas cuando pasas de los 80 y tienen que llevarte en silla de ruedas, como esperan otros, pues como que la mayoría pensamos que esas memorias se las han escrito, porque con los años (qué duro es reconocerlo) la memoria se deshilacha, y cuando vamos a por su paño, nos encontramos agujeros, hilos sueltos, lástima.
Entretejidos en sus 342 páginas, hay dos temas que se solapan continuamente: la vida personal, con sus amores (bastantes), sus odios (pocos) y sus angustias, sus miedos (algunos) y sus victorias. Y el otro tema, la realidad histórica del país, de la ciudad, de las gentes que dieron vida a una época convulsa, -ahora nos damos cuenta que apasionante- de la historia moderna de nuestro país.
Lo que nos entrega Antonio Pérez de sus memorias personales, nos lo creemos de principio a fin. No nos queda otro remedio. Es su vida, y nos la entrega, y con bastante generosidad, por cierto, aunque casi siempre tiene el pudor de no comprometer a nadie con nombres propios. Lo que nos cuenta de la historia de España en cuyo torbellino vive, es realidad absoluta, y, por lo que colijo, ha tenido que manejar mucha información, lo que hace al libro un ejemplo de hilo trabajado, de tejido documentado, de búsqueda en hemerotecas, porque no me cabe en la cabeza que todos esos datos los lleve, tan frescos, en la suya.
Solo le encuentro un pero a este libro tan entretenido y enjundioso de Pérez Henares. Aunque la culpa no es suya, sino del editor, que tenía que haberle echado una semana más de trabajo al tema: le falta un índice onomástico, lo que serviría para transformar esta obra, de simple lectura memorística, en herramienta de trabajo.
Como yo tengo la manía de leerme los libros en clave alcarreñista (una estupidez como otra cualquiera, pero estas cosas nos hacen más humanos) he ido apuntando los nombres de la gente que aparece en el libro, que es de Guadalajara, que vivió o aún vive aquí, que conozco, y que así le presta al libro una nueva dimensión, la de “libro local”.
Y en ese sentido, me voy a permitir anotar aquí, y por orden alfabético, que con esto de los ordenadores no es nada difícil conseguirlo, los nombres de alcarreños (todos varones, menos una…) que aparecen y en qué página lo hacen. Son estos:

Beladíez, Jesús
87, 260
Buero Vallejo, Antonio
14, 112
Buson, Jaime
114
Cardero Prieto ("Kinder")
110
Cobos, Emilio
43
Dominguez Unica, Rafael
314
Durán, hermanos
113
Embid Villaverde, Salvador
14
García Breva, Javier
115
García Mendez, Javier
328
Grandes, Agustín de
313
Grandes, Luis de
255 y ss.
Herguedas, José Luis
313
Irízar, don Mauro José
313
Irizar, Javier
314
Martín Carraux, Juan A.
279
Palero, Francisco
314
Pérez, Alberto
111
Relaño
241
Rey, Julio del
113
Rico, Antonio
314
Sanchez Ripa, Oscar
314
Súarez de Puga, Luis
(aunque le llama José Antonio)
313
Utrilla, Joaquin
87
Zaragoza Orts, Pedro
248
Zori, Pilar
314

Además aparecen aquí y allá sitios de la ciudad, como el “Angelo & Frankie” (p. 212) y el mítico “El Chamizo” (p. 214 y ss.), y, obviamente, la Comisaría y el Gobierno Civil de las Cruces.
En definitiva, un libro entretenido, en el que Chani oficia de cronista de la contemporaneidad, y en el que visto todo lo que cuenta, uno entiende que se ría de todos los que recién llegados a las barricadas en defensa de la Libertad y la Democracia (muerto ya el Generalísimo en la cama y silenciados sus colaboradores) anden extendiendo pasaportes de progresismo, y diciendo (sobre todo a él, que “Sí que corrió delante de los grises”) lo que está bien y lo que está mal en el retablo de la progresía.

A.H.C.

10 de mayo de 2013

Arte y Humanismo en Guadalajara

Arte y Humanismo en Guadalajara es la obra que nos explica
la expresión artística del linaje Mendoza en esta ciudad.




















Una nueva clave para entender la historia de nuestra ciudad: 
Arte y Humanismo en Guadalajara, de Antonio Herrera Casado.

José Luis García de Paz, abril de 2013

Acabo de leer un ejemplar del último libro publicado por Antonio Herrera Casado, Cronista Provincial de Guadalajara y profesor de la U.A.H. Éste, tras su jubilación como otorrinolaringólogo, ha tomado más ímpetu en su faceta de Cronista, investigador e historiador. Por ello, está retomando temas que quedaron faltos de quedar plasmados en letra impresa, o que necesitan una puesta al día cuando han pasado tres décadas, o más, desde que los publicara y que, como autor que no ha dejado nunca de lado dicho tema, piensa que necesitan una actualización o puesta en valor. Dos ejemplos de hace bien poco son su “Historia de la Otorrinolaringología Española (1875-1936)” o su edición comentada de la “Chorográfica descripción del Muy Noble, Leal, Fidelísimo y Valerosísimo Señorío de Molina” de Gregorio López de la Torre y Malo.
Viviendo en Guadalajara, no es de extrañar que Herrera Casado dedicara su atención al Palacio del Infantado desde sus primeros años. Publicó un libro dedicado a dicho palacio en 1975, que reeditó en 1990, 1999 y 2001, ampliado. Dentro del palacio, las pinturas (entonces aún sin restaurar) de los techos de unas salas de la planta baja llamaron su atención, sobre todo porque no existía una interpretación del significado de las mismas más allá de que ensalzaban las glorias de los Mendoza. Fruto de aquella investigación fue un artículo publicado en Wad-al-Hayara en 1981 “El arte del humanismo mendocino en la Guadalajara del siglo XVI”. Que el tema era de interés se puso de manifiesto cuando Fernando Marías, profesor de la UAM, desarrollaba paralelamente una investigación sobre el mismo tema que estaba en las pruebas de imprenta. Por ello, el profesor Marías puso una addenda de dos páginas al final de su artículo comentando las similitudes y discrepancias en la interpretación de las pinturas. El artículo se titulaba “Los frescos del palacio del Infantado de Guadalajara: problemas históricos e iconográficos”, publicado en 1982 en el Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Cabe dentro de lo posible que, de nuevo, este trabajo de Herrera Casado pueda sorprender a quienes, en algún lugar de España, estén investigando estos frescos en la actualidad.
Poco después, en los años 80 del siglo XX, se restauraron y completaron las pinturas supervivientes que el palacio albergaba, y en algunos casos la rehabilitación “inventó” un poco las partes perdidas, como fue el caso de los soldados que levantaban al infante Don Zuria (zuria significa blanco en vasco) en la interpretación legendaria de la histórica batalla de Arrigorriaga, pues los Mendoza pretendían descender de dicho infante, amén de la familia paterna del Cid Campeador.
El libro que estamos comentando, “Arte y Humanismo en Guadalajara”, es un libro de arte, si bien en un lenguaje asequible aunque riguroso, que recoge las investigaciones antes mencionadas del autor, “tamizadas y completadas” por la lectura del trabajo del profesor Marías y lo investigado por él mismo en este tiempo transcurrido, en lo que el autor denomina “la versión definitiva de un apasionante trabajo”.
Comienza por una somera descripción del primer siglo del palacio del Infantado, sus arquitectos, tallistas y artesanos, así como del duque que lo mandó edificar a partir de 1480. Posteriormente indica unos datos biográficos del quinto duque del Infantado, que “perpetró” una reforma del palacio (1570-1580) largamente criticada por Layna Serrano y que tampoco parece del gusto del autor pues partiendo de un edificio de finales del gótico pretendió hacer un palacio de finales del Renacimiento (la época del manierismo) con un jardín manierista al oeste (con un laberinto y un estanque con barca), amén de habilitar unas habitaciones en la planta baja para su uso por la servidumbre y por los administradores a sueldo del duque, necesarios para controlar, regular e impartir justicia en sus villas y lugares. La verdad es que el duque supo gastar gran parte de su herencia en este palacio y en diversos fastos cuyas deudas aún existían en época del séptimo duque. En la reforma que realizó Acacio de Orejón a gusto del duque, se eliminaron varios de los artesonados mozárabes que entonces tenía el palacio.
Vistos los resultados a partir de las fotografías de los siglos XIX y primera mitad del siglo XX, y de los documentos y los escasos planos que hay en el Archivo Osuna (se puede consultar ahora cómodamente en el Hospital Tavera de Toledo y algunas partes en Internet, pero en 1980 había que ir “in situ” a desempolvar y transcribir legajos) y en el Archivo Histórico Provincial de Guadalajara, bien parece que el duque actuó como los españoles que, teniendo dinero en los años 60 y 70 del siglo XX, eliminaron de sus casas una serie de bienes muebles e inmuebles por “atrasados” por los que, ahora en el siglo XXI, se pagan buenos dineros por su calidad y antigüedad. El caso es que el grandioso palacio quedó como una mezcla de los dos estilos (para disgusto de Layna Serrano) que, en la reconstrucción y rehabilitación realizada desde 1961, se devolvió en gran parte al estilo anterior a las reformas del duque. No fue una mala opción teniendo en cuenta los restos que quedaban del palacio tras el bombardeo aéreo de 1936 y el incendio posterior.
Al incendio sobrevivieron la mayor parte de las pinturas de las techumbres que hiciera Rómulo Cincinato (Florencia, c. 1540 – Madrid (?), 1597), entre 1578 y 1580, antes y mientras realizaba la primera parte de su trabajo para Felipe II en El Escorial. Herrera Casado cuenta también una somera biografía del pintor y los motivos de las pinturas, así como que también se pintaban en las salas falsos motivos arquitectónicos como ventanas falsas con paisajes y pilastras fingidas. Las pinturas, aunque no gustaran a Layna Serrano y a otros, tienen un notable valor como exponente del “humanismo renacentista” en una Guadalajara que el duque intentó convertir en una Atenas, al menos en cuanto respecta a su palacio, pues “se rodeó de una corte de humanistas, entre ellos historiadores, filósofos, novelistas, pintores y artesanos que dieron nuevo impulso al palacio y a la ciudad”.
Pueden admirarse en las salas bajas del palacio al mismo tiempo que se admiran las exposiciones temporales que allí se realizan. Las pinturas son, por su calidad, un valor añadido a estas exposiciones en las salas del Tiempo, de las Batallas (está muy restaurada, quizá algo inventada en la misma), de Atalanta (o de la caza), del Día (totalmente destruida en 1936, aunque queda una foto) y de Escipión (totalmente perdida, no queda ni siquiera una foto), así como en las saletas de los héroes romanos y de los dioses griegos. Tras una descripción del conjunto de pinturas que pueden verse, más una deducción de lo que hubo en la de Escipión y descripción de lo perdido en la sala del Día (gracias a la foto), el autor interpreta el conjunto de pinturas siguiendo la norma interpretativa iconográfico-iconológica diseñada por el historiador de arte y ensayista de origen alemán Erwin Panofsky (1892-1968), quien tras una fructífera carrera en Hamburgo, emigró a Estados Unidos huyendo de los nazis y trabajó en las universidades de Harvard, Princeton (donde murió) y Nueva York, creando una escuela que se prolonga hasta nuestros días. Es en la “interpretación deductiva del significado de cada una de las pinturas, de las salas y del conjunto” donde el propio autor reconoce que su estudio “está abierto a nuevas aportaciones, a matizaciones más precisas, incluso a un enriquecimiento de su interpretación y valoración” dado que es una interpretación, si bien avalada por años de estudio y de largas horas contemplando estas pinturas durante los últimos cuarenta años. No es fácil saber qué quería el quinto duque que nos dijeran las pinturas que hizo realizar a Cincinato en un estilo en el que los retratados vestían como héroes romanos aunque vivieran en la Edad Media y tomaran parte en batallas como Arrigorriaga y otras en las que intervinieron los antepasados de los Mendoza, como, presumiblemente, fueron las Navas de Tolosa o Aljubarrota, aunque no aparezca claramente en las pinturas de la sala. Pero sí están claras la fama y las virtudes que querían indicar que eran propias de su dinastía, representadas por las que tuvieron los héroes clásicos romanos que se hallan pintados (en este caso se pretendía que fueran las virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza), y su amor por las humanidades y el clasicismo, aquello que se ha denominado el “humanismo” y que este muy recomendable libro pretende hacernos llegar.

7 de mayo de 2013

Una temporada en Israel con el Tzahal



García Seror, Antonio: “Dos semanas en el Tzahal”. Aache Ediciones. Colección “Letras Mayúsculas”, nº 36. Guadalajara, 2013. 164 págs. 13 Euros

El Tzahal es el ejército del estado de Israel. Un ejército diferente a todos, dispuesto a la defensa de su país y de sus ciudadanos, escueto en sus medios pero presto para la máxima emergencia defensiva en 24 horas. Además de sus dos grupos básicos de soldados, los combatientes y los no combatientes, existe un ejército auxiliar de voluntarios internacionales, que por amor al país, por admiración o por simple curiosidad, se enrolan cortas temporadas para colaborar, aprender y prestar su voz de apoyo a este pequeño y antiguo país mediterráneo que es Israel. Esta organización es la llamada SAR-EL, y es en la que el autor de este libro ha vivido dos intensas semanas a comienzos del año 2013.
Estas vivencias, contadas de forma amigable, en coloquial diario, son las que constituyen la esencia de este libro. Hay una introducción acerca de los orígenes y la creación del estado de Israel, y una descripción de la forma en que opera su ejército, concebido esencialmente como defensivo. A continuación el autor explica la idea de hacerse colaborador voluntario durante unos días en esta organización, que cuenta con enlaces en todos los países occidentales. Desde Madrid, y su consiguiente traslado a Tel-Aviv, se nos explica el viaje hasta la orilla más oriental del Mediterráneo, la forma en que es recibido junto a un amplio y variopinto grupo de personas, su alojamiento y las tareas, sinsabores, emociones y alegrías que se suceden en las dos semanas que permanece activo.
Tiene tiempo el autor a descubrir la ciudad nueva de Tel-Aviv, la santa de Jerusalem y a sus gentes, su vida diaria, y sus problemas nacionales e internacionales. En las breves 164 páginas de este libro, que se lee de un tirón en poco más de 3 horas, encuentra el lector una dinámico y realista reportaje acerca de la situación del Israel actual, que no es ni mucho menos un país temeroso o en guerra, sino un rincón del mundo alegre, democrático, entusiasta y receptivo.
Se añaden algunos apéndices que complementan lo leído en las iniciales páginas, ilustradas con imágenes relativas a la estancia del autor en el campamento de voluntarios, y en ese sentido podemos conocer las personalidades (con sus gustos y problemas añadidos) de los compañeros de la acción, así como una historia curiosa de la Aliyá (la arribada a Israel de judíos exteriores) desde Etiopía, así como las razones que García Seror esgrime para justificar este tipo de voluntariado y otros voluntariados. La esencia antropológica de este conocido autor y analista del alma humana queda perfectamente reflejada en las páginas de este sencillo e interesantísimo libro sobre Israel y su ejército, que mantiene su actualidad palpitante.

A.H.C.

10 de febrero de 2013

Por las Alcarrias de Guadalajara y Cuenca


Alfredo Villaverde y Raúl Torres: “Viaje a las Alcarrias”. Editorial Llanura, Madrid, 2006. 232 páginas, ilustraciones en monocromo y color.

Aunque ya en el blog del Desván de mis Libros se contiene una amplia y original presentación de este libro (ver aquí), quiero ofrecer mi impresión, aunque sea breve, de estas páginas, porque considero que la obra que publican conjuntamente Alfredo Villaverde y Raúl Torres, cada uno pateándose “su Alcarria particular” (Villaverde la de Guadalajara y Torres la de Cuenca) es de una sutileza especial, y va a proporcionar a quien lea este libro un cúmulo de sensaciones densas, recogiendo una información que no por conocida va a sobrar, porque en cada página hay un destello nuevo, alguna sorpresa.
Villaverde hace en breves escritos que se suceden  sin descanso, un recorrido literario inicial por la palabra “Alcarria”, y ensaya su andar por la Pastrana de la princesa de Éboli, subiendo al mirador de Trijueque, acudiendo a Valdearenas y paseando con delectación por Tendilla, donde rememora sus viejas ferias, subiendo luego a las ruinas de La Salceda, donde adivina opulencias y abandonos. Es larga su estancia en Lupiana, y allí mezcla el recuerdo de los jerónimos, la brillantez del mejor plateresco y el recuerdo de las películas musicales. Pero no olvida a continuación la historia que el “ciudadano Kane” movió sobre el monasterio de Ovila, junto a Trillo, cuando en 1931 el periodista Hearst lo compró y mandó desmontarlo entero.
Recuerda Villaverde a los que han escrito por y a través de la Alcarria: al autor del Cantar de Mio Cid y a León  Felipe, junto al Arcipreste de Hita p Camilo J. Cela. En Pastrana vuelve a soñar con Santa Teresa, con San Juan de la Cruz, y a partir del “Amparito Roca” en Guadalajara, donde entrevista a Jesús Velasco, el más internacional de los chefs de nuestra tierra, aprovecha los saberes de Adolfo y nos planta una crónica densa de fogones y manteles… un recuerdo para los escritores y pintores vivos, sus amigos, que se redondea con un memorial a Camilo José Cela, el gran andarín de esta tierra a través de su “Viaje a la Alcarria”, sin duda el mejor de sus libros, el que quedará sonoro para siempre.
Alfredo Villaverde y Raúl Torres, autores de este libro.
Por la Alcarria de Cuenca se entretiene Raúl Torres, que sabe cosas y sabe decirlas. No en vano ha vivido en esta tierra, donde nació, hace ya unos cuantos años, y en ella ha sorbido colores y memorias. En Villar de Domingo García, y en Priego, el autor desgrana edificios y personajes, callejea y se emociona. Busca allí a los alfareros más sapientes, y recita en las esquinas, como lo hace en Carrascosa del Campo y luego en Huete, donde se extasía ante sus viejos palacios, sus cuestudas luminosidades y acaba en el viejo convento de los mercedarios, ahora Museo de Florencio de la Fuente, joyel increíble en estos entresijos de la tierra. Otro maravilloso artículo dedica a Buendía, y rememora su encuentro y amistad con Camilo José Cela, pasando a recordar comidas y aperitivos con los famosos, y acabando dándonos envidia al referir su preferencias culinarias, que se cifran en los huevos con chorizo frito, más los zarangollos de esta tierra, que se resiste a ser develada, pero que entre Villaverde y Torres lo consiguen. ¡Bendita tierra de Alcarria! Cuajada de sencillos humores, solemne por lo lejana, hermosa de natural y sin repintes. Lozana siempre, amada siempre, Alcarria.

Antonio Herrera Casado